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jueves, 9 de agosto de 2007

Numeritos de la Campaña

Vean estos números que tira hoy Artemio:

Frente para la Victoria (CFK): 42%
ARI (Carrió): 15%
UNA (Lavagna): menos de 10%
Recrear (López Murphy): 5%

Jorge Sobisch - Turco Asís: (Risas) (perdón, esto lo agregué yo, ya que sólo representarme esta fórmula me da una risa tremenda.)


Con estos números no habría ballotage, si no me equivoco (después de todo, dormí cuatro horas así que no recuerdo bien la letra del artículo de la Constitución que reglamenta las elecciones.) La cuestión, como dice Artemio, es esta:

Esta situación es inédita, y no parece vaya a ceder en lo inmediato . Muestra además de la crisis de los partidos blablabla, que no hay un solo emergente nacional post-crisis capaz de competir hoy con el oficialismo. Mauricio Macri pareciera ser una referencia futura posible, aún muy incipiente y a veces amateur. Para colmo, no se sabe bien en qué situación está el hasta hace seis meses holgado, seguro, inamovible triunfo de Hermes. Igual démosle crédito . Pero en el marco nacional, no se esperan novedades. Todo lo denunciable se denunció, todos los errores se cometieron, las crisis se sucedieron, nos hicimos mierda, la inflación inflacionó, los dibujos se dibujaron, el INDEC se cuidó, Pedro Eugenio se cargó a su ministro de rigor, el INDEC se puso de pié y finalmente se impondrá lo obvio.

Por supuesto, siempre puede darse el caso de que, como dice Lilita, las encuestas se equivoquen. O también, como pronosticó Duhalde, que la erosión del gobierno venga tan rápido que de acá a dos meses estemos en otro escenario.

Pero de no ser así, ¿cuáles son las razones de la incapacidad de la oposición de capitalizar este mal momento del gobierno?

Una de ellas, creo, es que a diferencia del partido oficialista, que aún debilitado conserva todavía resabios del verticalismo peronista, la oposición es un conjunto de personalidades sin armados partidarios que los respalden. Entonces, entre ellos las alianzas son vividas como perpetuas sumas cero: nadie quiere ir al pie de nadie. (En este sentido, las diferencias entre izquierda y derecha han sí que desaparecido: se comportan de la misma manera.)

Pero debe haber algo más. Tal vez juegue en contra la decisión de todas las figuras opositoras de hacer pie exclusivamente en las clases medias urbanas, con sus temas de seguridad, “república”, defensa de los intereses del campo, etc., (vean si no estas declaraciones de la gran esperanza socialista, Hermes Binner, vía Escriba,). Esta estrategia puede dar sus frutos, pero lo veo complicado en tanto el voto de clase media urbana se va a dividir entre varios candidatos, mientras que el voto popular, y sobre todo del Conurbano bonaerense, se va a encolumnar, por obra y gracia del clientelismo, el populismo y esas otras yerbas, detrás de los candidatos del FPV.

jueves, 12 de julio de 2007

Lo que es la política

La política es una actividad fascinante. También es una actividad difícil, impredecible, agresiva, que necesita de un saber muy particular (la sabiduría práctica aristotélica, la virtú maquiavélica, o en un lenguaje más cercano a nosotros, la “muñeca”) que no se aprende en las facultades de ingeniería, ni en los think tanks, ni en las carreras de ciencia política, ni en los cursillos de formación de dirigentes. El saber político no es igual, ni reducible, al saber técnico (que lo diga si no Lavagna, buen economista, mal político) ni a las buenas intenciones, ni a la honestidad personal.

Y esto, digo más, es bueno, porque la política no es ni puede ser administración tecnocrática o el manejo de las relaciones personales entre personas “buenas” que buscan “consensos”.

La política destruye, se come, tritura y luego regurgita, el discurso antipolítico. Quien decide entrar en ella (aunque sea para, teóricamente, destruirla) debe terminar jugando con sus reglas y así encuentra que o se ha transformado en un político de buenas a primeras, o salió eyectado del juego a los quince minutos del primer tiempo.

Esta semana nos regaló dos ejemplos bellos de la invencibilidad de la lógica política.

El primero es éste: Mauricio “Yo no hago política ni tengo ideología” Macri explicando a Clarín que a cada uno de los principales referentes políticos del PRO se le “asignará” una villa miseria de la capital para que la “conozca a fondo”.

Daniel Chaín, el “experto en temas de urbanismo” del PRO y “coordinador del área de la Fundación Creer y Crecer”, metido ya en el brete de explicar esta movida aclara que:

No habrá nombramientos formales pero tampoco seremos punteros. Simplemente se quiere jerarquizar el problema nombrando a personas que tengan contacto directo con la gente y sus necesidades y al mismo tiempo capacidad para plantear las soluciones y llevarlas adelante.

En mi barrio, a estas personas con contacto directo con la gente y sin nombramientos formales se las llama “punteros”. Se las llama, se las llamó y se las llamará así, porque, como nos dice esta bonita anécdota, la necesidad de contar con referentes en este tipo de comunidades que operen como cadenas de transmisión de un lado al otro de información y recursos es una necesidad estructural del quehacer político. Para manejar es el tema villas, que es una tremenda complejidad política (no sólo, ni primariamente, técnica, o urbanística, o ingenieril, sino política) se necesita un andamiaje político. A las villas no se puede (bueno, en realidad a ningún lado) bajar con un plano en una mano y una carpeta en la otra y decir “acá se hace esto que yo digo, thank you very much” porque, ya sabemos que pasa, la gente propende a enojarse y (a) a no votarte más o incluso (b) salir a armar quilombo, quemar gomas, etc. Así que lo que se necesita es hacer política, y eso necesita de punteros.

El PRO no hace un mes que ganó y todavía no lleva 24 horas gobernando y fue forzado a descubrir este desagradable hecho.

Otro ejemplo: el caso Romina Picolotti. Acusaciones, parece que bien fundadas, de corrupción dirigidas contra, no ya digamos un viejo y querido sindicalista sino una mujer que no sólo es joven y moderna sino que entró a la política directamente desde el sector más festejado, acariciado y elogiado de la ya santificada sociedad civil: las ONG ambientalistas.

Con una mezcla de temeridad e ingenuidad, la funcionaria parece haberse dedicado a contratar amigos y parientes y a alquilar para movilizarse aviones privados. Además de evidentemente alienar al personal de planta, quien yo apostaría se dedicó pacientemente a juntar comprobantes en una carpetita para luego pasársela a Clarín con todo sigilo (¿tal vez con algún incentivo de algún pingüino de un ministerio diferente? Cómo saberlo.)

Los referentes de la sociedad civil y sus ONGs, que deberían habernos ya rescatados de los vicios de la vieja política, muchas veces demuestran apenas entran a la gestión de la cosa pública que poco, o que mal, comprenden la dimensión política de sus acciones. Confunden buenas intenciones con carta blanca, asumen que todo el mundo los quiere–porque ellos no son políticos, ¿me entiende?–y se comportan de manera mucho más tiránica con su personal que otros funcionarios.

(Dicho esto, aclaro: las responsabilidades del jefe de Picolotti, un tal Alberto Fernández, son iguales o mayores a las de ella si se comprueban los desmanejos.)

Entonces, al final del día, es la política, estúpido.

lunes, 2 de julio de 2007

Tómala vos, damela a mi, el ladriprogresismo esta aquí

A este muchacho hay que alejarlo de los micrófonos, por no hablar de posiciones de poder…

Su verba, su oratoria política nos deja con un atisbo de lo que constituye el núcleo duro, digamos, del ladriprogresismo (término ya instalado gracias a Artemio, fuerza dinamizadora de la blogósfera política argentina).


Veamos:

“Los primeros anuncios de Macri fueron típicamente liberales: cierre de organismos y dependencias echando gente para reducir gastos”,

Ibarra, amigo mío, no entendiste nada: el gasto , así, per se y a priori, no puede ni debe ser una bandera política en sí misma.

Y tal vez no te des cuenta de esto, Aníbal, pero te lo digo de onda: si Macri quiere cerrar la Guardia Urbana (engendro que, aún si animado de las mejores intenciones, fue, es y seguirá siendo un chiste, no sólo incomprendido sino hasta rechazado por la mayoría de la gente de esta ciudad) porque dice que “hay que ahorrar plata” y vos no tenés mejor argumento que “estos liberales, siempre queriendo ahorrar plata cuando es mucho mejor y más fácil gastarla en cosas como la Guardia Urbana, que de última no sirvió de nada pero le da laburo a la gente”, parece que estuvieras, realmente, pagado por el mismísimo ingeniero para ser su comic relief.

Por que tal vez no lo sepas, Aníbal, pero mucha de la gente que vive en la Ciudad considera que el gobierno municipal debe, de hecho, reducirse y/o privatizarse en razón de su inoperancia e ineficacia (demostrada entre otras cosas por la Guardia Urbana). Sé que esta categoría incluye a un montón de gente que, tal vez inexplicablemente, vive o depende de ese mismo gobierno. Pero pedirle racionalidad lógica a la mente humana viene siendo inútil desde Platón para acá.

Una cosa es defender la intervención estatal como no solamente eficaz sino necesario mecanismo de regulación de las relaciones sociales e imprescindible herramienta para la realización de ideales de justicia equidad. Otra cosa es defender la estructura burocrática “realmente existente” más allá de su real funcionalidad.

Y acá dimos, me parece, con la clave de la definición de ladriprogresismo.

Vendiendo figuritas

¡Qué lindo que son los políticos pragmáticos!

Kirchner recibió a Macri y, según se dice acá, la reunión fue cordial. Y Macri, parece, recibió todo lo que fue a buscar: fotito y promesa del traspaso de la policía.

(¿Puedo decir, tangencialmente, que yo prefiero que el jefe de gobierno de la ciudad NO tenga policía propia? No es que la Federal sea un lujo asiático, pero las policías provinciales son de terror. Pero, no sé, me siento muy en minoría en esta posición.)


Aprovecho la noticia de esta entente para reflexionar sobre la idea de que “los votantes de Macri son todos gorilas”, clave de lectura de una desafortunada nota de Juan Pablo Feinmann que ha creado mucha controversia. Es que, como dicen muchos, si Macri ganó en todas las circunscripciones de la capital, incluido el Sur y los barrios pobres, a Macri lo debe haber votado más de un peronista.

Acá se juntan, me parece, dos cosas. La primera es que justamente el éxito de Macri en esta campaña se ha basado en su capacidad de convertirse en un verdadero “significante vacío” para mucha gente. Es paradójico, pero en la política actual (y no sólo en Argentina) muchas veces gana el candidato qué dice y habla menos. Así, las personas pueden proyectar en él, de alguna manera, lo que ellos querrían que el tipo fuera.

De alguna manera es la estrategia Chance Gardiner. Como Peter Sellers en la película, hay que dar bien en la foto y hablar con cuidadas vaguedades “no ideológicas”, en frases cortas y adecuadas para la televisión. Ayuda si uno no viene de un puesto de gestión pública, si uno “no es un político”, ya que así no hay un historial con el cual comparar.

(Por supuesto, no hubo candidato “vacío” más eficaz que Fernando de La Rua. ¡Qué bien quedaba con la campera de cuero!)

Me parece que algo de esto hubo con Macri. Porque no nos engañemos, a Macri lo votaron los antiperonistas, viendo en él, como dijo un comentador de La Barbarie, “un nuevo Echeverría luchando contra el tirano.” Y, sí, también lo votaron en el Sur, viendo en él, tal vez, una sensibilidad popular vehiculizada vía Boca. Y mujeres seducidas por su galanura de trato con su futura vicejefa. Y así.

(Kirchner tiene el problema de que dicedemasiado. Esto, entre otras cosas, no se le perdona.)

La clave de todo esto es el gobierno. Gobernar es decidir, y decidir es tomar partido entre demandas y actores en pugna. Ahí vamos a ver cómo cruje la coalición implícita que tan bien le armó Durán Barba.

Y, claro, hay un problemita. Cuándo Mauricio abre la boca, sale lo que piensa (¿no es lindo el discurso, diría Foucault?). Fijémonos, sino, en esta frase:

Este gobierno es como que no logra despertar la expectativa de un proyecto de largo plazo, de una pacificación interna, alarga demasiado el resentimiento.

(A mí, que quieren que les diga, más que ganas de proyectar me da miedito.)

miércoles, 27 de junio de 2007

Perspectivas de mediano plazo

Los contundentes, por no decir deprimentes resultados de las elecciones de ayer (60-39 a favor de Mauricio Macri) nos obligan a preguntarnos (aún sabiendo que toda respuesta a esta pregunta es apresurada) por su significado para el mediano plazo político (una era de existencia relativa y variable, que abarca más o menos desde octubre de 2007 hasta, no sé, el 2008).

Se recortan, como yo lo veo, tres posibilidades:

1. La unificación de la oposición detrás de la Gran Esperanza Blanca, reconfiguración del campo político y eventual derrota del kirchnerismo.

Este escenario, por el cual se les caía la baba ayer a ese panel televisivo de lujo conformado por Joaquín Morales Solá, Eduardo Van der Kooy y Marcelo Bonelli en Canal 13, está basado más que nada en el dato (esgrimido por ese mismo panel hasta el cansancio) de que “los virajes políticos de la Capital predicen los virajes políticos del país”. (No sé si esta generalización resiste un análisis muy a fondo. Es cierto que el FREPASO y la derrota del menemismo comenzaron a gestarse aquí en Capital, pero para el agotamiento alfonsinista, me parece, fue mucho más importante la derrota de 1987 en provincia de Buenos Aires que cualquier cosa sucedida en Capital. Pero no importa.)

Es cierto que el kirchnerismo parece hoy mucho más vulnerable que hace unos meses, y, sobre todo, mucho más propenso a revelar sus propias falencias de construcción política. También es cierto que, por lo menos , en octubre de 2007 corre con una ventaja: es posible que sea derrotado en tres dos de los cuatro distritos más importantes (Capital Federal y Santa Fe), que comparta el poder con candidatos que no son del palo en Córdoba y Buenos Aires, y que no gobierne tampoco en Mendoza; sin embargo, esas derrotas no suman a un único adversario. Es decir, la victoria de Binner en Santa Fé no se suma con la de Macri, la de Macri no suma con la de Schiaretti, etc. En este contexto de fragmentación, con sacar una buena ventaja en Buenos Aires le alcanzará.

Por otro lado, no queda claro cuánto podrá hacer Macri a nivel nacional, toda vez que comience a sumirse en el marasmo de la gestión de la Ciudad de Buenos Aires. No habría que descartar, sin embargo, que si hay un “operativo clamor” suficientemente fuerte se pase a la nacional. Sería desprolijo, es cierto, pero por un lado Michetti ha acumulado suficiente capital político como para hacerse cargo, y, por otro, los medios de comunicación y la opinión pública ya vienen demostrando voluntad de perdonarle a Mauricio aquello por lo cual matarían a un candidato oficialista (que no se presentara al debate, que diga que está totalmente separado de su padre cuando medio gabinete son ex-SOCMA, y tantas otras cosas.)

Y si es así, entonces la salida del kirchnerismo no será por el lado de la socialdemocracia, sino de la derecha empresaria.

2. Macri se juega a la gestión de la ciudad y se mantiene relativamente al margen de la campaña nacional.

Este escenario no es improbable y también presenta sus riesgos. Leyendo las declaraciones realizadas ayer por Macri se ven los riesgos encarnados en sus promesas de campaña. Su promesa de mayor seguridad será difícil de cumplir en un distrito poroso como es la capital, sin policía propia y con muy pocos recursos para ese campo. Y hay un gran riesgo en presentarse en garante de la seguridad cuando las variables que causan la inseguridad están fuera de tu control. Los gremios municipales están ya en pie de guerra frente a su promesa de “racionalizar el gasto público” (¿se imaginan una nueva carpa blanca de los maestros y médicos municipales?). Cualquier persona sabe que su promesa de urbanizar las villas en dos años o es ingenua o es mentirosa, porque es una cuestión infinitamente compleja.

Los equipos del futuro gabinete son hasta ahora una apuesta muy interesante: ex gerentes de SOCMA, el hijo de un directivo de Techint, algunas mujeres provenientes de una ONG (la fundación Sophia) y, en cultura, un tipo cuyas credenciales es que el coleccionista de arte. Vale decir: toda gente que a priori no tiene experiencia gestionando en el estado. Es decir, se apuesta a pasar de la empresa a la gestión pública, sin mediaciones, al contrario de lo que hizo el menemismo, en donde los políticos de carrera se ofrecían como mediadores y gerentes públicos al servicio de los intereses de los privados. Acá son los mismos privados los que aceptan el desafío de gestionar, sentarse y negociar con Genta y Datarmini, disciplinar a los gremios del Colón para “aumentar la productividad”, organizar a los villeros, etc. Va a ser, sin duda, un proceso interesante y altamente instructivo.

Y también, por ahí, le sale bien y se fortalece la derecha vía gestión.

3. Macri cierra con Kirchner y alcanzan algún tipo de modus vivendi.

No hay que dejar de ponerle unas fichas a este último escenario. Mal que le pese a los que hoy ven en Macri a una mezcla de Esteban Echeverría y Balbín, Macri no es antiperonista (así como Kirchner es menos peronista de lo que parecería), o al menos no lo es de manera visceral e ideológica. Varios de sus operadores son peronistas o ex peronistas y él cultiva, hasta ahora, un discurso más pragmático que ideologizado. Y el distrito que gobernará necesita y depende de la colaboración de la Nación para su propia subsistencia.